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IPv4 vs IPv6: diferencias, velocidad y qué cambia para ti

IPv4 es el formato original de las direcciones IP: 32 bits y unos 4300 millones de direcciones posibles, con el aspecto de 203.0.113.42. IPv6 es su sucesor: 128 bits y un espacio prácticamente ilimitado, con el aspecto de 2001:db8::1. Hoy los dos conviven, y tu red elige cuál usar sin que configures nada.

Si alguna vez has comprobado tu dirección en la página principal, habrás visto una etiqueta «IPv4» o «IPv6» junto a ella. Ahí no hay dos internets distintos ni dos tecnologías rivales: hablamos de dos versiones del mismo protocolo, la que se quedó pequeña y la que vino a relevarla. Esta guía explica en qué se diferencian de verdad, si una es más rápida o más segura que la otra, y qué significa todo esto para ti como usuario.

CriterioIPv4IPv6
Formato4 bloques decimales (ej.: 203.0.113.42)8 grupos hexadecimales (ej.: 2001:db8::1)
Tamaño32 bits128 bits
Direcciones posibles≈ 4300 millonesPrácticamente ilimitadas
Compartir direccionesNAT casi siempre necesarioConexión de extremo a extremo, sin NAT
AdopciónUniversalEn crecimiento (~40 % del tráfico mundial)
VelocidadDepende de la redA veces ligeramente mejor

Qué es IPv4 y qué es IPv6

Las siglas vienen de Internet Protocol version 4 y version 6: dos generaciones del protocolo que asigna una dirección a cada punto de conexión de internet. Si el concepto de dirección IP te resulta nuevo, empieza por nuestra guía ¿qué es una dirección IP?. Aquí damos esa base por sabida.

IPv4 se diseñó a finales de los años setenta y se desplegó en los ochenta. Sus direcciones ocupan 32 bits y se escriben como cuatro números del 0 al 255 separados por puntos: 203.0.113.42. Treinta y dos bits dan exactamente 2³² combinaciones, unos 4300 millones de direcciones únicas. Para una red académica de unos cientos de máquinas, era una cifra de ciencia ficción.

IPv6 se estandarizó en los años noventa, precisamente porque ya se veía venir que aquella cifra no bastaría. Sus direcciones ocupan 128 bits y se escriben como ocho grupos hexadecimales separados por dos puntos, con una abreviatura («::») que comprime los grupos en cero: 2001:db8::1. Y pasar de 32 a 128 bits no significa cuatro veces más espacio, sino una escala difícil de imaginar: 2¹²⁸ direcciones, un número de 39 cifras. Suficiente para dar direcciones públicas propias a cada dispositivo del planeta, y a billones más, sin acercarse jamás al límite.

Por curiosidad: la versión 5 existió, pero nunca llegó al público. El número se había reservado para un protocolo experimental de streaming, así que el sucesor de IPv4 saltó directamente al 6.

Por qué se agotó IPv4

Cuatro mil trescientos millones de direcciones suenan a mucho, hasta que cuentas lo que hay conectado hoy: teléfonos, ordenadores, televisores, relojes, cámaras, sensores, servidores en la nube. Hace años que el número de dispositivos supera con creces el número de direcciones IPv4 disponibles. La reserva central que administra la IANA repartió sus últimos bloques a los registros regionales en 2011, y desde entonces los registros y los proveedores administran la escasez: listas de espera, reutilización y un mercado de compraventa donde los bloques IPv4 se pagan caros.

Que internet no se haya parado se debe a un truco llamado NAT (traducción de direcciones de red): tu router recibe una única dirección pública y la comparte entre todos los aparatos de tu casa, que usan direcciones privadas internas. Muchas operadoras van un paso más allá con el CGNAT, que coloca a varios clientes detrás de una misma dirección pública. Funciona, pero tiene un coste: rompe la conexión directa de extremo a extremo. Alojar un servidor en casa, jugar en línea con ciertas consolas o conectar dos dispositivos directamente se complica cuando hay una o dos capas de traducción por el camino.

IPv6 elimina el problema de raíz: hay direcciones de sobra para que cada dispositivo tenga la suya, pública y única, sin compartir ni traducir nada. Esa es la diferencia de fondo entre ambos protocolos. No la velocidad ni la seguridad, sino la abundancia frente a la escasez.

Un escenario concreto: imagina una casa con quince aparatos conectados (teléfonos, portátiles, televisor, cámaras, un termostato). Con IPv4, todos salen a internet disfrazados tras la única dirección pública del router; desde fuera parecen un solo visitante. Con IPv6, cada uno puede tener su propia dirección pública y comunicarse directamente, lo que simplifica desde las videollamadas hasta el acceso remoto a tus propios equipos.

Velocidad y rendimiento: ¿es IPv6 más rápido?

La respuesta honesta: a veces un poco, y a veces no. El protocolo en sí no hace que los datos viajen más deprisa; la velocidad depende de la calidad de la ruta entre tu red y el servidor. Algunos usuarios notan una latencia ligeramente menor por IPv6 porque su proveedor tiene mejores interconexiones en ese camino, o porque el tráfico se ahorra las capas de NAT y CGNAT que encarecen el viaje en IPv4. Otros miden exactamente lo contrario, porque en su zona la ruta IPv4 está más rodada.

La buena noticia es que no tienes que elegir. Los navegadores modernos usan un mecanismo llamado Happy Eyeballs: cuando un sitio está disponible por ambos protocolos, prueban las dos conexiones casi en paralelo y se quedan con la que responde antes. Si IPv6 va lento o falla, el cambio a IPv4 es tan rápido que ni lo percibes. En la práctica, la diferencia de rendimiento entre protocolos es casi siempre menor que la diferencia entre un buen wifi y uno mediocre.

¿Y para el gaming o el streaming? La latencia que notas en una partida depende de la distancia al servidor, de la congestión de la red y de la calidad de tu conexión; el protocolo apenas pinta nada. Donde IPv6 sí puede marcar diferencia es en otro frente: al eliminar el CGNAT, facilita las conexiones entrantes que algunos juegos y consolas necesitan para emparejarte sin intermediarios.

Seguridad: mitos y riesgo real

Circula la idea de que IPv6 es «más seguro» porque el cifrado IPsec forma parte de su estándar. Es un mito en la práctica: IPsec también funciona sobre IPv4, y en ambos casos su uso es opcional. La seguridad de tu conexión depende de la configuración (cortafuegos, cifrado de las aplicaciones, ajustes del router), no del número de versión del protocolo. Se puede tener una red impecable o un colador tanto en IPv4 como en IPv6.

También se oye lo contrario: que IPv6 es peligroso porque prescinde del NAT y «expone» tus dispositivos. Tampoco es exacto. El NAT nunca se inventó para protegerte; es un apaño contra la escasez. La protección real la da el cortafuegos de tu router, que en IPv6 sigue bloqueando las conexiones entrantes no solicitadas igual que siempre.

El riesgo real es más mundano: la desigualdad de trato entre los dos protocolos. El caso típico afecta a los VPN. Si tu VPN solo canaliza el tráfico IPv4 y tu red también tiene conectividad IPv6, esa parte del tráfico puede salir fuera del túnel, y los sitios web ven entonces tu dirección IPv6 real aunque creas estar oculto. Es la llamada «fuga IPv6», y la explicamos junto con las soluciones en cómo ocultar tu dirección IP. La regla general: cualquier herramienta de privacidad o cortafuegos que uses debe cubrir ambos protocolos por igual.

Cómo saber cuál estás usando

No hace falta tocar ningún ajuste: tu versión se muestra en la página principal, junto a tu dirección, con una etiqueta IPv4 o IPv6 según la conexión que tu red haya elegido para esa petición. También puedes deducirlo a simple vista: si la dirección tiene cuatro números con puntos, es IPv4; si tiene grupos hexadecimales con dos puntos, es IPv6.

Un detalle que sorprende: la versión que ves puede cambiar según la red. Las operadoras móviles modernas prefieren IPv6, así que con datos móviles es habitual aparecer con una dirección larga hexadecimal; en el wifi de casa, muchas conexiones todavía salen primero por IPv4. Si compruebas tu IP en ambos casos y ves formatos distintos, no hay ningún error: estás viendo en directo la convivencia de protocolos de la que habla esta guía. Y si tu conexión es dual-stack (las dos a la vez), el sitio te muestra la versión que tu dispositivo eligió para esa visita concreta.

En resumen

  • IPv4 (32 bits, ≈ 4300 millones de direcciones) es el formato original; su reserva central se agotó en 2011 y sobrevive gracias al NAT.
  • IPv6 (128 bits) ofrece un espacio prácticamente ilimitado y devuelve la conexión directa de extremo a extremo, sin direcciones compartidas.
  • IPv6 no es automáticamente más rápido ni más seguro: el rendimiento depende de las rutas de tu proveedor y la seguridad, de tu configuración.
  • El riesgo práctico está en proteger un protocolo y olvidar el otro: verifica que tu VPN y tu cortafuegos cubran los dos.
  • No tienes que elegir ni configurar nada: tu red usa ambos en paralelo, y puedes ver tu versión actual aquí.

Preguntas frecuentes

¿Debería desactivar IPv6 en mi router?

En general, no. Desactivarlo no mejora la seguridad ni la velocidad, y puede crear problemas difíciles de diagnosticar, porque cada vez más servicios asumen que IPv6 está disponible. Si algo falla, casi siempre es mejor corregir la configuración (del router, del VPN o del cortafuegos) que apagar el protocolo entero para esconder el síntoma.

¿IPv6 reemplazará por completo a IPv4?

Algún día, probablemente, pero la transición lleva décadas y aún queda camino. Como hay miles de millones de equipos y servicios que solo hablan IPv4, nadie puede apagarlo sin dejar fuera a media internet. Por eso el modelo dominante es el dual-stack: redes y servidores que atienden ambos protocolos a la vez, dejando que cada conexión use el que mejor funcione.

¿Puedo tener una IP fija en IPv6?

Sí. Que una dirección sea fija o cambie con el tiempo no depende de la versión del protocolo, sino de cómo la asigna tu proveedor: existen direcciones fijas y dinámicas tanto en IPv4 como en IPv6. Explicamos esa otra distinción, y cuándo importa de verdad, en IP fija vs dinámica.